A veces los días empiezan mal, las semanas empiezan mal. Los más optimistas pensamos "mañana será otro día", creyendo que con esa frase, al despertarnos la mañana siguiente, todo va a estar bien.
Nadie nos entiende, nadie nos consuela, sólo un deseo: llegar a casa, encerrarnos en la habitación y escuchar cómo alguien que ni siquiera nos conoce nos da la razón y nos entiende con sus letras; como si llevara siendo nuestro más fiel confidente desde que tenemos uso de razón.
Entonces, llega esa parte en la que empezamos a oír una eléctrica que le da ese toque agridulce a nuestra canción, esa melodía esperanzadora que anima a dejar atrás las palabras tristes. Te das cuenta de que todo tiene solución (menos la muerte, o eso dicen las madres). Como se suele decir en estos casos, si la vida te da limones haz limonada, y si está muy ácida seguro que hay alguien que te presta azúcar.
Porque no hace falta que se solucione todo antes de que acabe el día, basta con que algo nos saque una sonrisa, eso basta. Eso es suficiente para que el día haya merecido la pena. Una frase, una película, algo divertido, otra sonrisa...
Puede ser cualquier cosa, pero hoy, en concreto, fue un tercio.
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